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Romances
de grisú
Jesús
Castañón Díaz
- I -
Llenan
la noche de cantos
muchachos
de boina negra,
dura
mano, duro gesto
y
altiva frente minera.
Por
el Río Negro* danzan
las
sombras de las quimeras.
Yo
también llevo carbón
y
dinamita en las venas.
Yo
era un niño minero:
tan
pronto caballista*
como
rampero*.
-Arre,
«mulina Torda»*.
-Apártate,
Romero*.
Tenía
sobreguías*
y
rampas y conveyos*.
Y
ganaba, ganaba
muchísimo
dinero...
_________
(*)
Río Negro. Todo río sucio de carbón. Aquí
se refiere al río Aller.
(*)
Caballista. Que saca el carbón al exterior en trenes arrastrados
por mulas o caballos.
(*)
Rampero. Ayudante de picador, guaje o muchacho.
(*)
Torda. Nombre de una mula. Por extensión es sinónimo
de toda mula. Los mineros se encariñan tanto con las bestias
que hay varias canciones sobre dicho asunto. Una dice:
«
Tengo decii a mio madre
que
me eche más merienda;
tengo
una mulina torda,
tengo
que partir con ella».
(*)Romero.
Nombre de un caballo.
(*)
Sobreguía. Galería más alta que la principal.
(*)Conveyo.
Sistema mecánico de desplazamiento del carbón que
va pasando por diversas chapas oscilatorias. Una dudosa tradición
de etimología popular atribuye su procedencia a una lógica
desfiguración del término francés Convoyeur
(transportador mecánico, cinta mecánica, coladero
oscilante...), que figuraba en el embalaje de dicha máquina.
Tal vez, por analogía, se ha atribuido parecido proceso lingüístico
para explicar turbinel, «rastrillador mecánico»
(usado en minas de Reocín, Santander), antaño movido
por «turbina de aire» y para La Machina -nombre propio
de una grúa del muelle de Santander (embalaje, "machine").
***
Por
el oscuro pozo
de
mis recuerdos
navegan
vagonetas
y
crisantemos.
Las
montañas:
vacías
las entrañas.
Y
los ríos:
cachas
de ébano frío.
Los
mineros:
alegría
por fuera,
penas
por dentro.
Por
el estrecho sendero
serpentean
lamparillas
de
mineros,
¿Son
estrellas que en la noche
el
monte colgó del cielo?
Por
entre aullidos de lobos
que
perforan el silencio
¡qué
bien cantan
los
mineros!
¡Cómo
resuenan sus voces
de
duro bronce
a
lo lejos!
De
la botella al vaso
sin
rampas ni costeros,
canta
la sidra a coro
con
los jilgueros.
Ya
bulle en los campanos*
el
vino nuevo.
¡Viva
la vida
de
los mineros!
Al
picador, el dinero
las
palomas se lo comen.
Ni
baja la plata al huerto.
Ni
sube hasta el cielo el cobre*.
Vino.
Más vino
para
los picadores.
Alma
de roble,
diamante,
hierro.
Tensa
ballesta
de
duro acero.
Enhiesta
lanza
de
alabarderos.
No
se doblegan
nuestros
mineros.
-Rampero:
canta
tu alegre canción,
mientras
los viejos conveyos
rumian
sobre su tambor
antiguos
aires mineros.
Yo
quiero escuchar tu voz
antes
de que en el silencio
la
tragedia del grisú
suelte
sus voraces perros.
_________
(*)
Campano. Vaso grande de vino.
(*)
Cobre. Aquí tiene la acepción de dinero.
***
En
la azulada garganta
puso
la muerte veneno.
Y
se helaron las canciones
sobre
su pulso desierto
-río
de sangre cortado
en
su joven nacimiento-.
Ahora
parece el tajo
un
callado cementerio.
Toma
un campano, rampero.
Este
vino es el cordón
que
te unirá al Universo.
Yo
montaré mi canción
sobre
tu potro ligero:
por
el puente, sobre el río;
por
el monte, sobre el cierzo;
por
la calle, sobre el polvo
de
brillante carbón negro.
Allá
en el fondo, los pozos
alzan
su ciprés de hierro.
Y
las turbias bocaminas
parecen
lobos hambrientos.
¡Cómo
resuenan disparos
de
dinamita a lo lejos!
Toma
un campano,
rampero.
Los
artilleros*
dan fuego.
Retumba
la galería.
Retumba
la sobreguía.
Retumba
el pueblo.
¡Ay,
niña, cómo huele
la
dinamita a heno!
Boca
de mina:
boca
de lobo.
Joven
rampero:
muerto
pimpollo.
Sois
los mineros
claveles
rojos.
Sangre
en el aire;
sombra
en los ojos.
Sobre
los labios,
un
gesto docto.
Los
hombres mueren
como
vosotros.
Coladero:
por
tu garganta de lobo
subió
de la mina al cielo
el
alma de aquel rampero.
Coladero:
tiburón
de vientre negro.
Boca
de cañón abierta
sobre
los prados de ensueño.
Por
tu empinado sendero:
¡cuántas
lámparas bajaron!,
¡cuántos
ángeles subieron!
La
roja sangre hervía
sobre
las escombreras.
Hecha
un volcán de heridas,
la
mula Volandera*
soñaba
con Castilla
de
verdes alamedas.
Sus
altas herraduras
trillaban
las estrellas.
Y
ángeles caballistas
velaban
a su vera.
Suenan
los zuecos
entre
las bestias.
Y
el latiguillo
de
las blasfemias.
Sacos
por tocas.
Anchas
caderas.
Madre:
ya pasan
las
carboneras*
Gaita,
tambor, alegría:
Los
mineros
¡cómo
queman el dinero,
madre
mía!
En
la traca de los fuegos
arde
una voz femenina:
«Mi
madre quería casame
con
unu de la oficina.
Y
yo lu quiero mineru
que
salga y entre a la mina».
Ya
se hicieron los mineros
dueños
de la romería.
-Fallo
los oros.
-Y
yo los bastos.
-Sólo
de copas
voy
arreglado.
La
sidra cae
desde
lo alto:
espuma
blanca,
pulmón
dorado,
suave
campana
sobre
los vasos,
falaz
sirena
de
dulce canto.
-¡Las
veinte en copas!
-¡Mis
veinte en bastos!
-¡Ay,
cómo trotan
mis
dos caballos!
Sobre
la mesa,
cuatro
cayados,
cuatro
ramperos,
cuatro
campanos.
Aire,
de polvo lleno.
Los
toros de la noche,
embisten
al silencio.
Retumba
el castillete*,
las
jaulas, los conveyos...
El
Río Negro arrastra
tragedias
y recuerdos:
Suenan
voces serranas;
a
veces, juramentos;
y
un coro de martillos
de
picadores muertos.
_________
(*)
Artillero. Obrero encargado de volar los barrenos.
(*)
Volandera. Nombre de una mula, Alude a su velocidad.
(*)
Carbonera. Mujer que se dedica a transportar a domicilio el cupo
de carbón asignado a los socios de la empresa minera. Solían
hacerlo con asnos, aunque actualmente se emplea como vehículo
más corriente la furgoneta.
(*)
Castillete. Armazón de hierro situado sobre el pozo y del
cual penden las jaulas.
Canto
al Nalón
Sama
te metió su estoque
por
tus pulmones de nácar,
bravío
toro minero
de
la montañosa Tarna.
Tejió
el Caudal banderillas
de
fuego en su roja fragua;
y
un redoble de cañones
relumbró
sobre tus astas.
Negro
calamar inmenso,
negra
mina en la mirada,
negra
agonía de cuervo
entre
las gaviotas blancas,
bramido
de dinamita
que
en las estrellas estalla,
muere
el minero Nalón
en
San Esteban de Pravia.
Relevo
de medianoche
a
la bocamina llega.
Sobre
la nieve del monte
están
claras aún sus huellas:
una
manada de lobos
les
ha seguido de cerca.
Entre
la luna y la nieve
seis
lámparas*
centellean.
La
muerte les vio venir
y
subió al tajo ligera.
Brigadas
de salvamento*
se
afanan en su tarea.
Dos
grandes mastines negros
aúllan
sobre Moreda.
Al
amanecer, los gallos
no
dieron su rojo alerta.
Tristes
mineros bajaron
tres
pardas camillas negras.
Tres
viudas jóvenes lloran
sus
tres trágicas tragedias.
Al
cuadro del lampistero*
tres
fichas menos le quedan.
Y
en los mástiles está
a
media asta la bandera.
Ojos
heridos de fuego,
pasean
su muerte a hombros
los
mineros.
Por
las trágicas esquelas:
nombres
de sus compañeros.
Se
estremece el escuadrón.
Y
descarga el aguacero.
En
tu pupila veo
cien
enlutadas prendas.
El
suelo, negro polvo.
Y
el cielo, nubes negras.
Yo
presiento que pronto
te
morirás, Moreda.
Los
castilletes tañen
su
campana agorera.
Y
por las bocaminas
la
muerte se pasea.
Galgos
heridos de acero,
pensativos
«silicosos»
se
pasean por el pueblo.
Pálidos
sobre la cama
y
sobre la tumba muertos,
en
otoño, desplomados,
uno
a uno van cayendo.
Y
los postes de la luz
se
llenan de nombres negros.
Toro
de la galería.
Toro
de los coladeros.
Toro
de la sobreguía.
El
toro de la tragedia
va
tallando sus heridas
por
el enlutado ruedo
de
la mina.
Altas
mampostas*:
la muerte
dura
estocada perfila
y
en el oscuro silencio
prepara
sus banderillas.
Por
la bocamina cruza
un
desfile de camillas.
Y
cicatrices azules
marcan
antiguas cogidas,
Mineros,
bravos toreros
con
pudor y valentía,
por
abismales senderos
bajan
a la enfermería.
Toro
de la galería.
Toro
de los coladeros.
Toro
de la sobreguía.
Francisco
Suárez Garcia,
minero
entre los mineros,
con
aires de senador
se
pasea por el pueblo:
blancas
canas, boina grande,
los
ojos de carbón negro,
recio
andar, altiva frente,
espaldas
de vagonero.
Con
«el propiu hachu» cortó
su
perdido brazo izquierdo,
regando
la galería
de
roja sangre de ciervo.
Francisco
Suárez García
-galería
de recuerdos-
por
oscuras sobreguías
se
dirige al cementerio.
Como
una máquina vieja
su
pipa humea a lo lejos.
_________
(*)
Lámpara.
La usada en la mina lleva una red protectora. Su llama denota la
presencia del gas. Se usan también lámparas eléctricas.
En sentido figurado simboliza a los trabajadores: «un pozo
de quinientas lámparas».
(*)
Brigadas de salvamento. Equipadas con caretas antigás, siempre
dispuestas para los posibles accidentes. Suelen estar formadas por
mineros veteranos, especialmente entrenados para dichas tareas.
(*)
Lampistero. El que repara y guarda las lámparas en la lampistería.
(*)
Mamposta. Poste ligero para apuntalar la explotación.
-
II -
Ingente
mástil de hierro
sobre
las colinas negras.
Duro
bisturí que busca
la
savia de negra vena.
Cruel
estoque, clavado
al
corazón de la tierra.
Esqueleto
de cemento
sin
alma y aún sin tragedia.
La
sangre que te salpica
no
remueve tu conciencia.
Qué
gran antorcha
para
un entierro:
alma
de yunque,
nervios
de acero,
mascota
eterna
del
cementerio,
voraces
fauces
de
carnicero,
gran
catacumba
de
los mineros.
Alta
torre de hierro,
barandilla
siniestra,
los
dos focos del pozo
te
apuñalan, Moreda.
La
muerte, por sus altas
barandas
se recrea,
orgullosa
y altiva
de
su triunfal carrera.
Un
largo mar de cruces
-bajo
las escombreras-
señala
sus victorias
y
grita tu tragedia.
Por
las venas de acero del pozo
-mastodonte
de negro esqueleto-
la
campana de alarma repica
con
latido de trágico acento,
Baja
la jaula
de
los mineros.
Sube
la jaula.
¡Qué
gran silencio!
La
sirena del pozo
perfora
el firmamento.
A
su compás se acercan
cuadrillas
de mineros.
La
gran cruz de granito
les
da su abrazo inmenso.
Rojos
cigarros marcan
minutos
de silencio.
Todos
a una se apagan.
Las
jaulas bajan luego.
Sobre
las galerías,
y
más en el crucero*,
flotan
nombres de novias,
risas
y juramentos.
Fuera
sólo se oye
el
tambor del herrero
o
garlopas que escriben,
pacientes,
verso a verso.
Y
las sirenas siguen
arcando
los relevos.
Medianoche:
los gallos
quedaron
en silencio:
«Explosión
de grisú
y
once mineros muertos».
Pasada
la medianoche,
entraron
los artilleros,
dieron
la pega* y tembló
con
sus disparos el pueblo.
Las
mil bombillas del monte
guiñaron
sus parpadeos
sobre
las duras entrañas
del
trágico Río Negro.
Entre
vías y escombreras,
en
continuado acecho,
paseaban
los jurados*
su
monótono sendero.
No
suena ruido en el pozo
y
los gallos se durmieron.
A
sus pies, como un cachorro,
yace
inerme el cementerio.
Negros
filones de nubes
cubren
el hastial del cielo.
Y
las sordas bocaminas
impusieron
el silencio.
Por
el monte bajan grupos
de
ágiles gamos ramperos
que,
entre pesar y alegría,
salmodian
su romancero:
«En
la mina Tarancón*
murieron
doce mineros.
Mira,
mira, Maruxiña,
mira,
mira, cómo vengo.
Murieron
tres capataces
y
un mecánico tornero.
Mira,
mira, Maruxiña,
mira,
mira, cómo vengo.
Traigo
la cara quemada,
que
me la ha quemado el viento*.
Mira,
mira, Maruxiña,
mira,
mira, cómo vengo».
_________
(*)
Crucero.
Lugar interior de la mina, donde se cruzan las vías procedentes
de varías galerías.
(*)
Pega. Dar la pega: acción de pegar fuego a un barreno o conjunto
de cartuchos.
(*)
Jurado. Guarda jurado.
(*)
Tarancón. Mina de Caborana, concejo de Aller.
(*)
Viento. Grisú.
-
III -
NUEVOS
ROMANCES
En
mi breve copla
Te
diré quién soy:
"De
la mina vengo.
Y
a la mina voy".
Son
estas verdes tierras
Sin
historia ni torres,
En
su prado y su nube,
Eco
de vuestros sones,
Latido
de martillo,
Canto
de picadores,
Sendero
de ramperos,
Ruta
de los vagones.
Y
yo quiero cantarlas
Porque
no tienen nombre.
Por
las altas escolleras
de
mis mares sin surcar
los
mineros de Moreda
no
cesan de navegar.
De
montaña a coladero
retumbando
está un cantar:
«Por
la mina van los barcos.
Los
vagones, por la mar».
Dos
vagonetas
rasgan
el aire.
Dos
negros cuervos,
del
monte al valle.
Grazna
la muerte
sobre
los cables.
Lámpara:
alegre canario
sobre
el hombro del rampero.
Lámpara:
mudo testigo
de
canciones y silencios.
Lámpara:
esperanza verde.
Lámpara:
amarillo sueño.
Cuando
tú te apagues, lámpara,
nosotros
habremos muerto.
Lavanderas negras*
Por
el lavadero
-agua
turbia y negra-
lavan
el carbón
sucias
lavanderas.
Aquí
la canción va
por
las cadenas.
Murmura
quejosa
la
colada negra.
¿Dónde
está el jabón
y
las blancas prendas?
En
el corazón
de
las lavanderas.
El
recluta del rampero
-en
el tajo nuevo grillo-,
al
ver el gigante «monstruo»*
de
la manga del martillo,
se
cayó sobre la rampa
blanco
de azucena y lirios.
No
se habló ya de otra cosa
por
el tajo, estremecido
de
sonoras carcajadas
al
compás de los martillos.
_________
(*)
Lavanderas negras. Alude a la costumbre antigua de lavar la ropa
negra de carbón en el río, asimismo lleno de negro
mineral.
(*)
«Monstruo». En sentido figurado. Al rampero novato le
hacen concebir extrañas alucinaciones en la oscuridad de
la mina. Una broma frecuente consiste en hacerle creer que la manga
del martillo es un monstruo subterráneo. El martillo es el
aparato mecánico para picar carbón, movido por aire
comprimido.
***
Economato.
Charla y más charla.
El
río sigue
canta
que canta.
Pasan
las mulas:
larga
reata.
Las
dos mujeres
charla
que charla.
Pasan
mineros:
negra
mirada.
Las
tres mujeres
charla
que charla.
Fin
de jornada.
A
la cadera
sus
manos anchas,
cuatro
mujeres
charla
que charla.
La
antigua galería.
La
galería corta.
Cuando
la mina era
una
mina aún en sombras,
diminuta
pupila,
suave
raposa,
agujero
de topo,
nido
de alondra.
Cuando
eran los mineros
felices
labradores
de
cara roja.
Y
estallaba en el aire,
junto
a la pólvora,
risa
por los botijos
de
la aguadora.
Duérmete,
pella de nieve.
Duérmete,
minero en grana.
Papá
escuchará tu llanto
en
las mampostas del alba,
esperando
oír tu canto
y
tu martillo en la rampa.
A
eso de la medianoche
sólo
suenan los ramperos
cantar
alegres canciones
por
el surco de sus zuecos.
Romance
de luna y lobos.
Romance
de muerte y miedo.
Romance
de mina y nieve.
Romance
de carbón negro.
Romance
para la muerte,
que
ronda por los senderos,
mientras
sollozan las novias
y
madres de los mineros.
Dientes
y zarpas voraces,
la
loba del Río Negro
arrastró
la galería,
las
mampostas, los arreos,
las
mulas, las vagonetas
y
el cuerpo de los mineros.
Por
el alto castillete
hicieron
nido los cuervos.
Y
hasta en las cuadras flotaban
alaridos
de silencio.
¡Cómo
lloró nueve días
Moreda
a nueve mineros!
Picadores,
no de toros,
pero
sí de carbón negro,
cómo
pican y repican
los
picadores mineros
por
la mina, negra mina,
mina
de la mar adentro,
donde
los valientes chicos,
-monosabios,
vagoneros,
entibador,
barrenista,
*
picadores
o ramperos-,
ponen
a la muerte muerte
faroles
de valor fiero
naturales
de su vida
con
su remate de pecho,
mientras
tocan los timbales
aguerridos
artilleros
y
entonan un pasodoble
las
chapas de los conveyos.
Picadores,
no de toros
pero
sí de carbón negro,
cómo
pican y repican
los
picadores mineros.
¡Cuánto
garbo y qué desplante
por
la sombra de sus cuerpos,
por
su lámpara apagada,
por
su manantial, desierto
en
la oscura galería
de
sus cantares y juegos!
Con
su muerte, las sirenas
se
vistieron de silencio.
¡Puente
de La Casanueva*!
Paseo
de los domingos.
Balcón
de amores sin reja,
donde
sueñan silicosos
mocedades
ya desiertas.
Y
el viento del Pico Moros*
con
el Río Negro juega.
¡Puente
de La Casanueva!
Un
redoble de campanas
y
un repique de sirenas.
Pasarela
de la muerte
camino
de Villanueva.*
¡Puente
de La Casanueva!
Puente
de la infancia alegre.
Puente
de la muerte ciega.
Bocamina
sobre el río.
Azabache
y luna llena:
¡Puente
de La Casanueva!
_________
(*)
Barrenista. Que barrena o barrenero.
(*)
La Casanueva. Barrio de Moreda de Aller.
(*)
Pico Moros. Monte de Moreda.
(*)
Villanueva. Barrio de Moreda en el que está situado, en la
margen izquierda del río Aller, el cementerio parroquial.
-
IV -
Antípoda
de todos los Plateros,
felpudo
de carbón tu pelambrera,
esclavo
en maniobras* y senderos,
humilde
burro de una carbonera,
el
gesto altivo y rezongón el paso,
honda
mirada y tiesas las orejas,
cansado
de rodar de casa en casa,
te
moriste una noche en la escombra,
hundidas
en islán* boca y pezuñas
empapadas
de lodo en las cunetas,
ni
siquiera las negras vagonetas.
Antorcha
pertinaz contra la lluvia
y
contra la injusticia y la inclemencia,
rociado
en gasolina, dura traca
de
rabia contenida y de tragedia,
ardiste,
sin piedad, como un cartucho
explotando
en el vientre de una pega.
_________
(*)
Maniobra. Plaza o explanada en que hacen maniobra los trenes mineros.
(*)
Islán. Lodo, procedente del lavado del carbón. También
suele depositarse en Previamente secado de nuevo y mezclado con
brea se emplea para la fabricación de ovoides.
¡Cómo
resuena en el mármol
la
plata de los mineros!
Y
de la taberna al tajo,
su
canción por los sendero
con
mozas en las ventanas
y
en el abedul jilgueros.
Si
yo fuera picador,
los
luceros picaría.
¡Gran
camino de Santiago,
donde
los martillos trinan!
«Si
yo fuera picador,
cantaba
un guaje* en la mina... »
Resollando
como un galgo
al
compás de las sirenas:
al
amanecer, al tajo:
por
la tarde, a la taberna..
¡Cuando
me muera, no llores,
Puente
de La Casanueva!
Los
sábados, de parranda;
y
los domingos, de fiesta.
De
noche, siempre de ronda.
De
día, siempre en la brega.
¡Como
te quise, te quiero,
Puente
de La Casanueva!
En
mi galaxia seré
trasillonador*
de estrellas,
caballista
de astronaves,
entibador
de quimeras...
¡Cuando
me muera, no llores,
Puente
de La Casanueva!
_________
(*)
Guaje. Muchacho o minero, ayudante del picador. Aquí tiene
una acepción cariñosa y no de "tonto o bobo",
como señala el Diccionario de la Real Academia.
(*)
Trasillonar. Colocar barrotes de cuadro a cuadro para sostener el
techo de la galería.
Se
me fue la voz.
La
perdí en la fragua.
La
dejé olvidada
en
el compresor.
Herrero:
en tu yunque
fórjame
otra voz.
Déjame
tu aliento,
pequeño
tractor.
Tú,
joven rampero,
dame
tu canción.
Yo
doy tira* eterna y larga
de
mampostas de marfil
para
«postiar» los luceros
en
la mañana de abril.
Cuando
llegues a la luna,
coladero
de alhelí,
avísame,
compañero,
porque
me voy a morir.
_________
(*)
Tira. Obreros colocados en fila para ir pasándoselos materiales
entre sí hasta el punto de destino. A veces se forma verticalmente
en los coladeros. Término acaso relacionado con la tira usada
entre los marineros.
Canto
del yunque, la sierra,
el
martillo, «la cordión»...,
repicar
de las sirenas
y
el eco de mi canción.
Caballista:
ya tu mula
cruza
la plaza* veloz.
Carpintero:
tu garlopa
se
duerme sobre el tablón.
¡Cómo
resuella en la noche
el
monstruo del compresor!
Norte,
sur, este y oeste:
de
mi vida coladeros
entre
la mina y la copla,
entre
la nieve y el trueno,
el
canto del picador
y
mi poema minero.
Compases
de dinamita.
Y
latidos de mis zuecos.
Rotos
bombachos encima
de
mi traje dominguero.
Por
Los Bustios, la lechuza.
Y
por Los Tornos la nieve.
Cuando
me muera, subidme
hasta
el alto castillete.
Una
tabla, mi escopeta.
Mi
caballo, un ramo verde.
En
mi negra vagoneta
dejadme
allí para siempre.
Por
Cutrifera, los cuervos.
Los
lobos, por Llandemieres.
Cuando
me muera, subidme
hasta
el alto castillete.
¡Puente
de la Casanueva,
por
donde cruza la muerte!
En
mi negra vagoneta
dejadme
allí para siempre.
Silicosos
de Campera,
ramperos
de Cabanielles,
picadores
de Moreda,
vagoneros
de Cubrenes...
Cuando
me muera, subidme
hasta
el alto castillete.
En
mi negra vagoneta
dejadme
allí para siempre.
_________
(*)
Plaza. Sitio espacioso delante de la bocamina.
Canción del albergano*
Orgullo
de hombre
me
ató a esta tierra
Tus
galerías,
en
mi solera.
Asturianadas,
por
peteneras.
Para
mortaja,
las
vagonetas.
Y
por campanas
quiero
sirenas.
Canta
la sidra.
La
plata suena.
Asturias
verde.
Cuenca
minera.
Andalucía
lejos
navega.
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(*)
Albergano.
Que se hospeda en los albergues construidos por las empresas para
los obreros recién llegados de otras regiones.
Oso
fósil
Anoche
lo sacaron de su fosa
hecho
piedra y carbón, hecho silencio.
No
ha muerto por el cable de una flecha,
que
siempre le tendieron.
Ha
expirado en la punta de un martillo,
sintiendo
por sus venas todo el viento,
entre
aullidos de negras vagonetas,
blasfemias
y barrenos.
Mascota
de los pozos y las fraguas,
vigía
de la plaza y los mineros,
parecía
reírse si le hablaban
y
callarse si estaban en silencio.
Dominaba
la noche toda oscura
la
espesa velludez de su gran cuerpo.
Era
la gran lección de siglo y siglo.
Era
piedra hecha tiempo.
Era
carne de mina, dura carne.
Era
el tótem sagrado de los sueños.
La
canción del estopín
Pólvora,
pólvora, pólvora.
Carbón,
azafrán, maíz.
-Duérmete,
mi niño negro.
Duérmete,
mi polvorín.
-No
sueñes fieros colmillos
de
sañudo jabalí.
-Deja
que el buen artillero
cante
su canción feliz:
en
su bolsa los cartuchos
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