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Página
cultural del diario 
Número
13. 6
de Enero de 1983.
Paco
Vighi y el tren
He
aquí una historia romántica, digna de figurar
en las anécdotas sobre los ferrocarriles del Norte,
de Castilla, de Azorín, o tal vez digna de llamar la
atención de los guionistas del tren que los domingos
por la tarde aparecen en TVE. Una historia para contar justo
ahora, a medias entre los veinte años después
de la muerte del gran poeta (1890-1962) y las vísperas
del centenario del arranque del romance:
1884.-
Destinado a Palencia como ingeniero naval de una compañía
italiana de tal especialidad, que había contratado
la construcción de nuestros ferrocarriles del Norte
-lo que empezó a llamarse el Paso del Noroeste-, llega
a Palencia, sede entonces de las oficinas de Renfe para el
sector, don Humberto Vighi Corradi, hijo del farmacéutico
que regentaba la Farmacia de la Charitá, de Parma,
y de doña Rosina Corradi, hija de la Condesa D' Aldai.
1885.-
Las bielas del tren -acaso manipuladas por el ciego Cupido-
se ponen en marcha. Hay una de. aquellas gloriosas veladas
de beneficencia. Actúa con su espléndida voz
la bella señorita Faustina Fernández, hija del
notario don Francisco Fernández y de doña Leona.
A partir de ese momento el joven ingeniero italiano ha encarrilado
ya su noviazgo en Palencia.
23
de abril de 1886.- La joven pareja ha contraído matrimonio
y saldrán para Puente de los Fierros, donde el ingeniero
acometerá una empresa que dejaría con la boca
abierta a los payariegos: la construcción de ese admirable
paso del Puerto de Pajares -infinitos zizagueos y túneles,
ca si imposibles con la tecnología de la época-
todavía hoy admiración de propios y extraños.
El
matrimonio tendrá cuatro hijos: Virginia, Elisa -fallecidas
en 1888 y 1906- Francisco y otra Virginia.
Don
Humberto asciende a ingeniero jefe de Vías y Obras
y traslada su residencia a Madrid. Allí, en el número
14 de la calle Ferraz, nace el 1 de febrero de 1890, Paco
Vighi, que mantendrá hasta los 14 años la nacionalidad
italiana de su padre y, hasta la muerte, su aferrado palentinismo,
arraigado en la calle de los Soldados 3, hoy Martín
Calleja, en la casa que ocupa el bar Los Candiles -ahora ligeramente
desplazado-.
23
de septiembre de 1891.- Humberto Vighi Corradi, ya ingeniero
jefe, viaja en acto de servicio entre Venta de Baños
y Bilbao. En el mismo tren viaja don José Canalejas
con su esposa enferma de hepatitis. El. caballeroso ingeniero
cede al matrimonio Canalejas, gentilmente, su departamento.
El tren acelera. Unos instantes después hay un descarrilamiento.
El departamento del ingeniero jefe de Vías y Obras
queda intacto y el matrimonio Canalejas, a salvo. El ingeniero
Vighi ha fallecido en el descarrilamiento, unos vagones más
atrás. Y la vida de Paco Vighi se ancla en Palencia,
en la casa de sus abuelos maternos, a la que se ha trasladado
también su madre. Aquí crece entre el mimo de
su abuela, su madre, sus dos tías solteras, su hermana
Virginia y los de dos sirvientas.
En
el colegio de las Angelinas (que él recordaría
en su discurso que hizo reír y llorar a tope) la Madre
Chantal también le mima. El niño se hace travieso,
gracioso, sentimental, guasón, melómano... y
poeta:
Cuando
se murió el canario,
puse
en la jaula un limón:
soy
un caso extraordinario
de
imaginación
De
esta época de párvulos es también la
anécdota que cuenta Carlos Gusano: Virginia dijo en
el colegio que tenía un hermano llamado Frasquito.
Una compañera "se dirigió a la monja que
regía la clase y muy asombrada le dijo: "¡Oiga
hermana, esta niña dice que tiene un hermano que se
llama Botellín!".
Poco
después aparecerá como alumno del Colegio San
Isidoro, en la plaza de la catedral, incordiando, con Ramón
Gómez de la Serna en la vecina Escuela Normal, que
entonces regentaba Doña Manuela Torralba. La amistad
con Ramón se mantendrá durante toda la vida:
en Madrid, con las tertulias de Pombo, en la lejanía
del destierro de Ramón a quien Vighi gritaría
en una esporádica llegada a Bilbao para pasar aquí
unos días: "¡La pipa, Ramón, la pipa!"
Tal
vez para Vighi la pipa era indispensable en el perfil artístico
de Ramón y en el suyo propio.
De
su infancia y de su juventud él mismo cuenta multitud
de anécdotas en sus tempranas colaboraciones en los
periódicos Patronos y Obreros, y en El Diario Palentino,
en el que aparecen asimismo desparramados muchos de sus versos:
sus andanzas por el Carrión, por el Colegio San Isidoro,
los "viajes de estudios" a Paredes de Nava, los
Carnavales...
Más
tarde las andanzas por Cervera, por la mina Paquita de Manolo
Nestar, tan entrañable amigo y juerguista que decía
una copla de amigos comunes:
Paco
Vighi, Paco Vighi,
vete
pronto de Cervera:
si
te juntas a Nestar,
coges
una borrachera...
Luego
el alumno sobresaliente, cuyo expediente se conserva en el
Instituto Jorge Manrique, dio en la Escuela de Ingeniería
Industrial de Madrid, en la que se pasó 16 años
de bohemia, hasta que, decidido a casarse con Julia Arroyo,
aprobó en un año y con buena notas la larga
cadena de asignaturas pendientes:
Contando
chismes del Ateneo,
fumando
en pipa, sentado al sol,
vemos
a Vighi curso tras curso,
pinta
de artista, siempre de humor.
En
Madrid vivirá ya el resto de su vida, con ligeras y
obligadas residencias en Valladolid y en Málaga.
Será
profesor de la Escuela de Ingenieros Industriales.
Como
poeta festivo y articulista lleno de gracia aparecerá
en todas las tertulias literarias de la Corte, muy especialmente
en torno a Valle-Inclán -que le llamará el 9º
poeta español- y en la tertulia de Pombo y en la del
Café Levante y... en todas partes, todas las noches:
¡Oh
New York, con tu ruido y humo negro!,
¡Té
falta todol No hay en tus mañanas
humo
de hogar ni ruido de campanas
No
cambiaré mi andante, por tu allegro.
Prefiero
ir con mi Julia y con mi abulia
-del
brazo de las dos- a la tertulia.
Este
humorista singular, este excepcional y polifacético
poeta -ni se toma en serio su propia poesía, ni a sí
mismo, ni a los demás, por supuesto- este excepcional
palentino, profundamente enamorado de su tierra deja en artículos
y poemas, con algunos de los cuales cerraremos esta estampa
nostálgica, su dolorido sentir del ama de Castilla.
Es
autor de una sola obra, publicada por la Editorial Revista
de Occidente -de la que, con la supresión del poema
Regionalismo se ha hecho reciente reedición facsímil
por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, Palencia, 1979.
Y ha sido objeto de recientes estudios (PITTM, 30),entre los
que figura una tesis de licenciatura -inédita- de Javier
García Serna, presentada en la Universidad de Valladolid.
Entre
sus poemas de tema palentino, no queremos dejar de copiar:
LAS
VENTAS DE LA PERNÍA
I
VENTA
DE SANTA LUCIA
Esta
es la venta de Santa Lucía.
Para
los caminantes, un Edén.
Es
lo mejor del valle de Pernía.
Hay
una buena moza: Sirven bien.
Siempre
hay aquí rumor de panderetas,
y
llega hasta el camino algún cantar;
mientras
pasan chirriando las carretas
de
Potes, de Cervera, de Aguilar.
Moza,
naipes, canción, vino, cecina,
Hay
de todo. Esta noche en la cocina
arde
alegre la leña en el hogar;
el
gato hace rón-ron bajo el candil;
la
moza dando vueltas al mandil
me
promete una fiesta en el pajar.
II
VENTA
DE ORBANEJA
Tiene
tres hijas la mesonera,
así
me dicen los mayorales.
Saben
que mi alma curiosa espera
siempre
aventuras sentimentales.
Tres
hijas tiene. ¡Serán tres rosas!
Siempre
en los cuentos tres hijas son
las
de los reyes. ¡Divinas prosas
que
arrullan siempre mi corazón!
Salen
las mozas de la Orbaneja.
Se
toma alegre la venta vieja.
Tiembla
en mis labios un madrigal.
Pero
oyen sólo el cascabeleo
de
la reata y el piropeo
ambiguo,
y rústico del mayoral.
III
VENTA
DEL HORQUERO
Venta
del Horquero, arriba, en el puerto,
que
de octubre a mayo la nieve bloquea.
Jergón
duro, vino de sabor incierto:
Aspero
es el amo; la moza, muy fea.
Tejado
en goteras, donde un gato tuerto
del
alero al filo solemne pasea.
El
huésped que pase la noche despierto
verá
salir brujas por la chimenea
Creyentes
pastores, blasfemos tratantes
cuentan,
junto al trébede, mil espeluznantes
historias
de duendes, crímenes y robos.
Doy
las buenas noches, requiero el velón.
Oigo,
allá, a lo lejos, aullar a los lobos.
Pensando
en el gato, rezo una oración.
IV
TABERNA
DE TUPE
Estoy
en la taberna de Tupé, entre Canciones y humo de tabaco.
Oigo
una voz que dice: Beba usté; es de rivera; beba usté,
don Paco.
Josué,
Lolo y Cagacha están aquí, tres enormes corambres
que rezuman.
Discusiones
sin fin, -Que no, que sí-.
Las
paredes y el techo se sahuman.
Los
sahuman tabaco y mucho alcohol.
Hay
blasfemias del léxico español.
El
paso de las horas no se siente:
Todos
tenemos roja la nariz.
-Que
cuente algo don Paco, que lo cuente.
Yo
bebo, cuento, miento y soy feliz.
ROMANCE
DE LA VIDA Y MUERTE DEL RIO CARRIÓN
Enorme
cuna este valle
para
merecer este río,
tan
llorón y tan pequeño;
llanto
de recién nacido.
Cobertor
de lana suave
la
nieve del valle frío.
En
Guardo, el carbón minero
tiznó
la cara del niño.
Cuando
pasó por Saldaña
otra
vez estaba limpio.
En
Carrión le bautizaron
-era
hasta entonces morito-;
la
ciudad le dio su nombre,
todo
eufonía y prestigio.
De
cantar tanto en Villoldo,
ronco
se quedó en Husillos.
Cuando
atravesó Palencia
era
ya mozo garrido.
Dieciocho
puentes le peinan,
anda
lento y presumido.
Por
verle, villas y aldeas
se
ponen en su camino.
La
torre de San Miguel
quiere
ser novia del río,
y
asomándose a mirarle
tiembla
de amor y de frío.
Es
burgués en los remansos;
laborioso
en los molinos;
ladrón
de frutas caídas
en
las huertas del Obispo.
Sueña
un viaje largo: el mar.
Traiciona
sueño y destino,
de
Villamuriel el mosto
le
hace perder el sentido:
lleva
ya una vida turbia
y
un derrotero torcido.
Por
no ir a Valladolid
-cosas
del nacionalismo-
se
suicida junto a Dueñas
arrojándose
en el río
Pisuerga,
labrador manso,
competidor
y enemigo.
Nace
y muere en la provincia;
no
hay otro más palentino.
Recen
por él un responso
los
frailes de San Isidro.
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JESÚS
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