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Página
cultural del diario 
Número
2. 21
de Octubre de 1982.
Palencia
y Santa Teresa
El
28 de diciembre de 1.580, día de los Inocentes, tras una
larga enfermedad parte Teresa de Jesús hacia Palencia, donde
va a fundar el Convento de San José de Nuestra Señora
de la Calle. El camino desde Valladolid ha sido largo, el día
frío y empañado de una fuerte niebla. Teme por su
nuevo "palomar" en una ciudad que le han dicho que es
pobre. Pero pronto se convence de la generosidad del clero -el obispo
don Alvaro de Mendoza, el canónigo Reinoso... y el pueblo
de nuestra tierra-:" Fue tanto el contento que mostró
el pueblo y tan general que fue cosa muy particular, porque ninguna
persona hubo que le pareciese mal" (Libro de la Fundaciones,
cap. XXIX).
Aquí
recibirá una de las noticias que mayor alegría le
dio en su ajetreada vida: la de la reconciliación, de los
carmelitas calzados y los carmelitas descalzos.
Aquí,
con aquel su carácter franco, echaría el conocido
y merecido piropo a la hospitalidad palentina: "toda la gente
es de la mejor masa y nobleza que yo he visto y así cada
día me alegro más de haber fundado allí".
Aquí,
sus monjas, varias veces cambiadas de palomar. Aquí -no se
equivocaba Teresa de Jesús- infinitas repercusiones -¡y
van ya cuatro siglos!- en la prensa, en el arte, en los corazones
de la gente.
Sólo
a título de botón de muestra bastaría citar
teresianistas acérrimos como el jesuita P. Nazario Pérez,
el dominico P. Felipe Martín (Introducción y notas
a la vida de Santa Teresa -1909-, Vida de Santa Teresa de Jesús
-1914-, Santa Teresa de Jesús y la Orden de Predicadores
-1909-...) y, para no dejar al margen a los laicos, el libro de
Severino Rodríguez Salcedo Santa Teresa en Palencia (Imprenta
El Diario Palentino, 1923) o las publicaciones de Antonio Alamo
Salazar Perfil de Palencia en el camino de Teresa de Jesús,
Antorchas en la senda palentinoteresiana, Senda emocional de Alba
de Tormes -muy cerca de cuya ciudad pereció el autor ya dentro
del año del centenario de la Santa- ...y una larga serie
de artículos y de obras inéditas.
Desde
otro ángulo habría que citar a los homenajes de los
poetas palentinos en este año del IV Centenario de su muerte,
y en el campo de la imagen, la excelente maqueta del monumento presentado
a concurso por el - entonces director de la Escuela de Artes y Oficios
de Palencia Mariano Timón Ambrosio -fallecido en 1976-, maqueta
que alcanzó el segundo puesto en el concurso nacional de
1970.
Nuestra
galería: Ángel
Cuesta Calvo
Ángel
Cuesta Calvo nace en Palencia, 1930. Estudia Dibujo artístico
y pintura en la Escuela de Artes y Oficios, bajo la tutela de los
pintores Germán Calvo y Julio Gutiérrez, actual director
de dicho centro.
En
busca de un mayor conocimiento de los maestros mundiales de la pintura
recorre el mundo visitando museos (Nueva York, Méjico, París,
Galería Tate de Londres, Italia, Bélgica, Portugal...).
Todavía
estudiante, participa en la Exposición de Pintores Palentinos
organizada por la Excelentísima Diputación Provincial
(1955) con dos plumillas: una naturaleza muerta y la inevitable
Torre de San Miguel. En 1959 sorprende al público con una
exposición monográfica de rincones de la ciudad -casi
todos ya desaparecidos-, que constituye su primera exposición
individual. En 1968 presenta sus Pueblos palentinos, variada colección
de paisajes en tono sepia, donde las casas, y los aperos contrastan
contra el cielo blanco. El tema adquiere tal éxito comercial
que se verá obligado a repetirlo periódicamente en
diversas técnicas: plumilla, acuarela...
Otra
temática predominante la constituyen las marinas, del Cantábrico
-1967-, del Levante 1978-, de Canarias -1981-, todas ellas
en, acuarela.
Destacan
asimismo los bodegones (plumilla y acuarela) con la esencialidad
de lo cotidiano: las zapatillas de deporte, las nueces, la cesta
del pan... En la misma línea y a plumilla ha creado modernamente
curiosas composiciones a modo de historietas en evolución,
como la del paro -a base de una transformación fantasmagórica
del mapa de España- o del complejo ológrafo en el
que en una sola página y en doce formas distintas se inscriben
las Noticias del 78, especialmente de periódico. Parecido
carácter lúdico-testimonial tienen algunas piedras
de playa ilustradas originalmente.
No
menos importante es en Cuesta el cartel, al temple, con predominio
del dibujo muy cuidado y con una idea de fondo de poder grabador:
Ferias de San Antolín, carteles publicitarios (Elecciones,
deportes, portadas de discos, el de la lotería nacional con
la Torre de San Miguel dentro del bombo...).
Entre
sus principales exposiciones, además de la monográfica
sobre NUDOS (Valladolid, 1.981) son de arte moderno, previa selección,
como las de Pancho Cossío (Santander, 1973), Bienales de
León (1974), Marbella (1975), Valladolid (1979), Palma (1981),
Concursos nacionales (1976), Premio de Dibujo Joan Miró (1976)
y Artistas plásticos de Castilla y León (actualmente
en el claustro de la Catedral).
Desde
1972 se incorpora a la pintura expresionista en óleo sobre
tablex, que se inicia con una primera etapa en que, a base de manchas
grandes, hay un predominio total de la figura y el desnudo (1973).
La
etapa inmediata se caracteriza por el predominio de la figura geométrica,
con una abstracción que tiene como base de partida el cubo
y fundamentalmente el hexágono. Los colores forman una gama
escalonada y el conjunto se encuadra bajo un título común,
Caleidoscopio 1, 2, 3....
Resultan
figuraciones homogéneas, repentinamente rotas por un intencionado
punto de contraste en color violentamente resaltado.
Desde
1.975 gira su experimentación continua hacia módulos
de arenisca cincelada con acrílico, en estructuras redondas
-a veces como racimos de extraños caracoles- en espacios
limitados, con frecuencia resaltados por estructuras caligráficas
de significaciones subconscientes y ya al margen de la frontera
de la realidad: esqueletos de realidades presentes, cenizas de realidades
desaparecidas, en el entender de Corral Castanedo (Norte de Castilla;
2-5-1979).
En
la última etapa de esta evolución hay que colocar,
desde 1978, la tendencia al surrealismo, con formas elementales
inscritas en una especie de engranajes entre mecánicos y
metafísicos, en cuyo interior reluce la blancura de supuestos
esqueletos antropozoomórficos que sugieren infinidad de posibilidades
recreadoras, si bien al fondo de todas ellas y tanto a través
del violento contraste blanco/negro o a lo ancho de una difuminada
gama de grises, como de la combinación delirante de las formas,
se perciben sensaciones confusas que van desde la poesía
pura a la tristeza absoluta, de la descomposición de la materia
mecánica a la caducidad de todo el universo.
Estas
son las facetas esenciales de Angel Cuesta Calvo, pintor de la segunda
mitad del siglo, a distancia de nuestros clásicos del XX
-Caneja, Mozos, Germán Calvo...- y de las últimas
generaciones de pintores a los cuales acaso encabeza por su edad,
en lo que viene a ser el equivalente a la generación literaria
del 60: otro sentimiento del paisaje, una Castilla que ya no es
la del 98, un intimismo mayor y una honda huella de catastrofismo
-tal vez consecuencia de una infancia con guerra al fondo, a la
que se superpone una nostalgia nebulosa y un afán empedernido
de encontrar nuevas formas para expresar los nuevos sentimientos.
Mairena,
una revista de poesía
Abundantes
han sido en los últimos años las revistas poéticas.
Lo que no nos sucede, sin embargo, cada día es que la Revista,
en esta caso solamente dedicada a la poesía tenga una gran
calidad, pese a los tres años que lleva de rodaje. Para hacerse
una idea bastará citar el número 9 (Primavera del
82): Una larga, pero sobre todo profunda, entrevista con Jorge Luis
Borges, otra con Alberti, otra con José Hierro, un homenaje
y un estudio sobre Juan Ramón Jiménez con motivo del
Simposium organizado por la Universidad de Puerto Rico en el Centenario
de su nacimiento, un estudio sobre la poesía portorriqueña
de 1981 y una extensa crónica sobre las actividades poéticas
en dicho año, las habituales reseñas de libros, la
interesante sección antológica Palabra en el tiempo
-con la inclusión de algunos poetas españoles-...
Pero
acaso no deja de ser importante que MAIRENA esté dirigida
precisamente por un poeta palentino, Manuel de la Puebla, a quien
-lo confesamos llanamente- ni nosotros conocíamos, ni él
tenía idea del florecimiento de la Poesía palentina
de la, postguerra, descubierta por él en Madrid recientemente,
con motivo de su asistencia al congreso de poetas del último
verano, a través del libro de José María Moro
Benito, editado en 1980 por la Excelentísima Diputación
Provincial.
Vaya
desde Noticias Palencia, un brindis por este "reencuentro"
de poetas de misma tierra, anclados a ambos lados del charco.
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