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Página
cultural del diario 
Número
28. 28
de Abril de 1983.
17.-
Autores y libros
Los
poemas sueltos de Enriqueta Palacios, como sus aislados artículos
literarios aparecen en El Diario Palentino, donde Dacio Rodríguez
Lesmes incluye en su Antología poética palentina,
de su clásica página cultural "Literatura,
Ciencias, Arte" el poema "El tiempo que me robas":
El
tiempo que me robas, es
una
canción, un grito,
un
piropo, un abrazo,
un
alimento,
un
cambio de pañales (...)
porque
paso y repaso por tu cuna
para
mirarte más,
para
lanzarte un guiño.
Versos
que contrastan con el prime lustro de la década de
los 50, como aquel angustiado y tan femenino grito de 1955:
¿Por
qué, Señor, secaste la fuente de mi vida?
¿Por
qué mi seno estéril no puede concebir?
¿Por
qué, Señor, no escuchas mi queja dolorida
y
haces mi ser fecundo, colmado de mi vivir?
¿Por
qué mi tronco seco no se cubre de flores?
¿Por
qué no brota un tallo de mi insaciable amor?
¿Por
qué en el ancho campo de mis recios amores
no
se graga una espina y hace carne un dolor?
Verano, 1955
Por
otra parte, la escritora sigue mimando su obra. acunándola,
guardándola arropadamente, con las raras excepciones
de esas colaboraciones en periódicos y revistas: Palentina,
(de Palencia Tiempo Libre, 1981 )
Mujer
capaz de lucha cuando hay batalla
tímida
y recatada, mística y dura...
o
Esos hombres (Campo Unido, 17, 1982):
¡Castilla
paridora de varones sufridos como tú, como tú
recios!
o
los populares temas de CONCIERTOS DE LA BANDA DE MUSICA:
Plaza
Mayor, ciudad endomingada.
Medio
día en sol, aire de Fiesta...
Atrás
quedan ya también las representaciones tearales y las
actuaciones en recitales, como la inolvidable presencia en
Las Bodas de Diamante de] Colegio del Santo Angel (21-6-1956),
abriendo un memorable acto en el que destacó Paco Vighi
con sus Recuerdos de mi niñez.
Atrás
una larga recopilación de poemas -acaso más
de un centenar, aún hoy inéditos hasta que a
fínales del 79 (año del V Centenario de Jorge
Manrique, a 30 años ya de aquella entrañable
velada homenaje al gran poeta en Paredes de Nava como presentación
en sociedad de Nubis) la poetisa se sintió de pronto
con una inmensa necesidad de comunicación hirviéndole
dentro del corazón... Y empezó a participar.
de nuevo, en algunos actos literarios, Poco después
(escrito en el 79 y el 80) nacía, como una eclosión
de la fuerza creadora, Otoño Intimo (Edición
no venal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia.-
Gráficas Iglesias. Navidad de 1980).
El
libro -con prólogo de Carlos Gusano y muy finamente
ilustrado por las plumillas de su hijo Enrique- se abre con
"Respirando Castilla", en la confesión palmaria
de castellanía:
He
nacido en Castilla, tierra dura (...)
He
crecido con trigo de sus campos (...)
La
vivo cada día con su gente (...)
Siento
que soy sonora y campesina.
Y
el castellanismo de Enriqueta se le va creciendo entre las
manos. como la buena masa. a lo largo de los siguientes poemas:
Por
entre la jornada de los cardos
las
legiones de hormigas (...)
Pueblo
dondo yo amo,
pueblo
donde conozco y me conoce,
donde
critican sin piedad mi vida,
donde
disculpan con amor mis faltas.
para
amasar el amor con las mieses o cantar la tahona de Mercedes
o cantar a Monzón de Campos o proclamar a grito de
pregonero el abandono de nuestros pueblos:
Si
no sabemos amar
lo
que más cerca tenemos,
ni
defender los rincones
más
entrañables del pueblo.
¡Por
todo lo que perdimos
puede
que un día lloremos!
Su
palentinismo íntimamente exaltado y proclamado a los
cuatro vientos de la ancha España la llevan a la indignación
cuando en su camino encuentra a alguien, caminos adelante
que se avergüenza de su origen:
¿Has
visto tú cómo nos parecemos?
La
misma brusquedad. El mismo temple.
Se
nota que hay Castilla de por medio...
La
segunda parte -"Poemas de vida"- empieza con esta
definición:
Vivir
es... como abrirse las entrañas
y
dejar. que se llenen de infinito.
En
Sueños:
Me
faltas tú
para
llevar a medias los fracasos
que
salen al camino
Las
"Ironías", llenas de filosofia vital. como
toda la obra de la autora cierran este libro entrañable
con una "Canción de cuna para una Navidad distinta".
El
metro. clásico. El vocabulario, reciamente castellano
como el pan nuestro de cada ,día. El objetivo central
del libro, la comunicación, plena y ardientemente logrado:
son versos no aptos para la apatia distanciadora del lector.
El lector del libro tiene que estar o ponerse también.
a viva fuerza, en Otoño Intimo, porque así se
lo impone la sintonía.
En
198l, Tríptico de Navidad y Canción de cuna,
magníficamente editado como felicitación de
las Navidades en el año del Centenario de la Caja de
Ahorros y Monte de Piedad, incide -aunque con verso libre,
hasta ahora habitual en la poetisa- en el tema candente de
la maternidad:
María
dijo si y en esa entrega
y
en esa aceptación. fuimos los hombres
la
causa de que el Verbo se encarnase,
por
eso nos amó desde el principio
Poco
después. al poema siguiente. la poetisa salta con habilidad
al romancillo lleno de ternura:
La
Virgen soñaba
como
buena madre
con
ver a su hijo,
mecerle,
abrazarle...
Tal
vez la autenticidad del tema ha hecho que el poema haya sido
incluso un año después, en el número
14 de los Cuadernos de temas navideños por Antonio
Oyarzábal Murgiondo.
La
Canción de Cuna, que cierra el Tríptico, rebosa
ternura por los cuatro costados, pero ternura natural y castellana:
¡Son
azules tus ojos
niño
que duermes?
¡Son
acaso castaños,
negros
o verdes?
La
falta de dulzonería empalagosa, la reciedumbre y naturalidad
del tema apartan este Tríptico de los trillados versos
al uso en estos casos.
El
año 82 termina con una eclosión no de la primavera.
pero si del otoño, esa estación de música
perfecta a la que Enriqueta es mucho más adicta. El
26 de noviembre aparecen las Coplas de Amor yDesamor, con
un juego de antinomias en el título que luego abundará
igualmente por el interior del libro. Son como resúmenes
de las observaciones sobre la vida y las conversaciones de
los demás:
Marinero
no
vayas de romería,
que
tu niña te espera,
junto
a la orilla.
La
autora prefiere la copla 112:
Hay
que dejar entreabierta
la
puerta de la esperanza,
por
si llega de improviso,
que
no la encuentre cerrada.
Son
coplas con sentido de espejo retrospectivo, con un acento
machadiano y regusto a Bergamín y a Villalón.
Hay en ellas mucho también de la mejor ironía
castellana, con resuellos del carácter recio y emprendedor
de la autora:
En
el amor y en la vida,
he
llegado a comprender
que
es mucho menos feliz
el
que se deja querer.
Con
razón afirma Nicomedes Sanz y Ruiz de la_Peñ,
al final del prólogo: "Como colofón, afirmo
y sostengo que las coplas de Enriqueta Palacios no desmerecen
entre el enorme caudal atesorado por la literatura castellana".
Y,
poco después, Cadencia rota, con dibujos de Toño
(Antonio Delgado) y un título que viene subrayado en
la portada por una cadencia rota (de la música puesta
por Angel Martín a uno de sus poemas).
José
Hierro, en el atinado prólogo, señala las tres
claves del libro: el tiempo, el amor y Castilla. Califica
también esa poesía entre la tradicional, que
ignora o más bien desdeña tanto la anécdota
puramente realista como la mera superficialidad modernista
sin más. Y termina con esta acertada clasificación:
"Poesía necesaria", "a manera de un
diario en el que su autora va depositando la huella de cada
día, su humanística palpitación".
El
libro comienza con la fuga de la esperanza entre dos luces:
Entre
la luz. del alba que principia
y
esta luz vespertina que sorprende
sigue
el poema amoroso de toda su obra, de toda su vida:
Como
sueño sin sueño,
como
llama sin lumbre...
como
yo, sin tu sombra.
La
fugacidad de la vida
Que
sólo el presente
tenemos
seguro
y
¡es tiempo tan breve!
El
tiempo de amor
el
tiempo que gastamos sin saber que vivimos
la
sinfonía de fondo de los cotilleos.
El
paseo romántico por la orilla del río.
La
tertulia sedante... los viajes, los avatares cotidianos y
hasta la propia muerte Morir es despertar cada mañana
sin ver el alba entrar por los cristales interrumpen a cada
paso esta cadencia íntima como siempre, como siempre
vital, familiar y humanística como siempre, que es
la poesía de Enriqueta Palacios, algo más densa
-que nunca amarga- a lo largo del libro.
Y
ya sólo como anécdota, porque estamos seguros
que el efervescente renacer de su musa poética, nos
haría quedar por mentirosos a estas horas, este poema
que cuando hablé con la autora cerraba -hace ya un
mes- su producción poética. Vaya como contraste
a aquel otro poema primerizo a que he aludido en mi referencia
anterior a su obra (Noticias de Palencia, 21-4-83):
Yo
quisiera morirme como mueren los días:
al
acabar la lucha de la dura jornada.
Cuando
el cielo se adorne de brillantes orgías,
cuando
duermen los odios su meta solapada...
El
poema está fechado en, febrero del 83. Esperemos que
antes de cerrarse el año, acaso en el otoño,
la fecundidad de la poetisa, nos sorprenda con otro de sus
libros, tal vez con otra explosión de su castellanía.
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