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Página
cultural del diario 
Número
39. 25 de Julio de
1983.
Nuestra
lavandera
A
la tercera es posible que los duendes que rigen los talleres
de los periódicos o que revolotean a placer por sus
naves, me hagan caso y coloquen esta refrescante imagen de
la lavandera en. su sitio.
La historia es tan inverosímil cómo otras tantas
que hemos oído contar en las redacciones o en las clases
de composición de las Escuelas de Periodismo: la primera
vez que puse a lápiz, dentro de un recuadro, "fotografía
de la lavandera", los duendes se sonrieron y me pusieron
-respetando el pie como unos caballeros que ellos son- la
hermosa catedral de Palencia, bañándose en las
transparentes aguas del Carrión, como en un cuento
mitológico, como ojalá lograran dejarla los
amigos de la catedral y el alcalde Jambrina, que tanto ha
embellecido esa zona de las márgenes de nuestro río,
tan ajardinadas ahora, pese, a la contaminación que
obliga a cerrar, las piscinas.
La
segunda vez, para el artículo Elogiode la lavandera
(Página Cultural, 38), la huidiza imagen fue sustituida
por la portada del libro La torre, el puente y el río,
en cuyo interior está escondida esta añorante
imagen de la lavandera que tan bien nos vendría ahora
como contraste a esas desoladoras imágenes llenas de
peces muertos flotando sobre las aguas del Carrión.
Perdía así bastante sentido la imagen del Bolo
de la Paciencias, sin la lavandera y sin los viejos estudiantes
de principio de siglo anticipando un mes las vacaciones de
Navidad y gritando aquello de que
Si
las costumbres son leyes
y
las leyes respetamos,
en
noviembre nos marchamos;
no
volvemos hasta Reyes.
A
no ser, claro, que el Bolo sirva ahora para sentarse y esperar
la aparición de esta hada mágica de la lavandera,
figura por insólita, tal vez ya mitológica y
hasta merecedora quizá, de un monumento.
Y
ahora, a la tercera, "a la tercera va la vencida",
ahí la tenemos para probar que no hay duendes capaces
de entorpecer nuestros propósitos: en toda su frescura,
como hace la friolera de 25 años, y al mismo tiempo
en todo su anacronismo, como si hubiera pasado más,
mucho más tiempo aguas del Carrión abajo.
Joaquín
Galán: El aire original
Joaquín
Galán es uno de nuestros poetas más activos
en los últimos años: Vocación de mar
Col. Rocarnador, no 58, 1966; Los ojos de la piedra Sala Poesía,
Madrid, 1977. Ni el desorden del fuego, Col. Koral, Barcelona,
1979, y El aire original, Adonais, Madrid, 1983.
Si
en Vocación de mar, su amigo Jesús Tomé
(con el tiempo antologizado por Galán) abría
las PALABRAS DE COMPRENSION EN FORMA DE PRÓLOGO con
esta afirmación: "Lo primero, que llama la atención
en este libro de versos es la sabidu-, ría artística
con que están escritos. Es difícil imaginar
que se trate de un libro primerizo", ahora es nada menos
que Salvador Espríu quien, rompiendo con su habitual
proceder de no poner prólogos a libros escritos es
castellano, abre emocionadamente las páginas de este
"aire original":
"En
medio del desconcierto y mediocridad en -que se arrastra,
en no pequeña medida, el panorama poético español,
es altamente estimulante encontrarse con el libro El Aire
Original".
Entre
ambas afirmaciones, entre estos dos polos del primer libro
y este último, recientemente aparecido, está
todo un navegar vital y estilístico de Joaquín
Gálán, hombre de hondos saberes, en efecto,
y de, no menos hondas vivencias: Desde aquella a profética,
Primera aplicación de Vocación de mar.
Bien
cabe el mar en cada mano.
Ahorearlo
se podría
con
Dios, y a nado
de
más olas en coro,
¿Desde
qué torre cuelgo el faro?
Huésped
del mar,
a
qué brazadas de amor o sombra he de salvarlo
Hasta
este primer poema de El aire original:
No
sé si volveré
algún
día a mi tierra.
¿Podrán
perderse en el olvido,
aquellos
cerros mondos, los postrados caminos,
el
cielo aquel sin muerte, la augusta paz de las cañadas?.
En
el medio, entre dos estos mojones, entre la salida del barco,
su llegada a puerto y su añoranza de retorno:
Sé
por qué me rebelo yo querría
ser
libre amar nutrir una esperanza
de
dicha y pronto vi que no se alcanza
esto
que se desea cada día,
esta
apasionada aclaración con los que se abre surrealista
Los ojos de la piedra, escrito en un momento importante de
la vida del poeta, y distinto incluso por la propia ortografía.
Paralelamente,
Ni el desorden del fuego, abre un paréntesis in crescendo
con Apuesto por esto, en que primera persona de Galán
se sustituye por el juego de tres actores (casi como tres
máscaras): él, tú, YO:
Él.-
De nosotros los -árboles se dice que andamos en buen
trato con las nubes...
Tú.-
Yo me supe cercado por un fuego y hora, con todas sus pavesas,
mineral, cristalizo.
YO.-
Para tal ceremonia dad lustre a vuestras señas, poner
soplos de gracia entre los desperdicios M pasado.
ahí
están, curiosamente colocadas a la entrada de cada
libro, una especie de escalonadas y vitales vivencias de Joaquín
Galán, poeta perfeccionista, de elaborado estilo, de
perfeccionamiento diario, crítico literario y colaborador
de varias revistas, estudioso de Carriedo y como él
también anclado fuera de esta tierra a la que
ahora
desde la lejana Barcelona, en la que, Como antes Carriedo
en Madrid, tiene Galán montado su
aeropuerto
literario. Eso sí, sin olvidar ni en el verso ni en
la realidad diaria lo nuestro, llamando o
escribiendo
cada poco, volviendo periódicamente -cada verano o
cada Navidad- a Villaviudas, interesándose por lo que
se publica en Palencia, siguiendo de cerca la reciente antología
de nuestros poetas, preocupándose por lo su yo, no
cortando suicidamente las raíces, que ahora son precisamente
el alma de este logrado Aire original; gentil vuelta de la
cabeza hacia atrás desde esa presentida tienda del
primer libro, de la lejana Vocación de mar en donde
se afirmaba:
Con
sangre el viento pinta en una agenda
a
ocultas un mojón para el viaje,
nos
roba de los ojos en vendaje
y
señala hacia el alba nuestra tienda.
Ahora,
desde esa tienda catalana, a dónde ha ido anclar la
nave de Galán, aparece retrospectivamente el mundo
de la infancia:
Allí
(es decir, aquí) los pájaros futuros
cómo
cunden, allí las flores castigadas,
el
rapto de la infancia por los aires sedientos.
Sólo
por ti, región de cruda luz el pensamiento...
por
la mirada los arados abriendo
hazas
leves que suben, musicales, la cuesta
sordas
aves, apenas tangibles por el miedo.
Y,
como una afirmación más de su palentinismo,
ya puesto de relieve en numerosos poemas de PALENCIA PIEDRA
A PIEDRA, a los que habría que sumar todo este libro:
Desde
siempre esta luz ha bañado mi sangre (
)
emprendemos
la ruta del origen, corramos
en
pos del velloncico de la infancia
Que
allí donde las liebres y el tomillo;
está
mi pueblo.
Dónde
se encelan las perdices, a saltos entre el trigo.
Este
apasionado canto a la propia tierra, este idílico canto
de las tierras del Cerrato y de sus gentes, resulta, por infrecuente,
altamente original:
Qué
está casi llegando,
bien
lo adivina el caminante
por
el polvo que en tromba da en su rostro.
¿Está
su casa ahí? ¿Están sus gentes? (
)
No
soy yo quien va por estos valles,
van
ellos por mi sangre al caminar...
TORRES,
allá, desentendiéndose de la humildad del barro...
Un
viento de gatuñas se restregaba contra los tejados...
Sentimiento
vivo de amor a la tierra nativa, admiración y elogio
de sus gentes y de sus paisajes, pero al margen del tópico,
desde una visión plenamente poética y, por tanto,
original. Una nueva visión de Palencia, de sus tierras,
de lo esencial castellano, q6e bien merece ese elogió,
por insólito aún más valioso pero no
menos cierto, de Salvador Espriu con el que quiero cerrar
esta breve reseña de este último y gran libro
de Joaquín Galán:
"Al
leerlos, Pienso en Unamuno, de tan vibrante enraizamiento,
aunque tuvo que bregar trabajosamente con el castellano, que
en usted fluye con precisa y rotunda naturalidad, con un muy
regalado acento.
A
mis años pocas sorpresas literarias cabe ya esperar,
pero la sinceridad me dicta confesar la excepcional palpitación
de este libro, sorprendente en calidad, sin concesiones a
ciertos ISMOS cosméticos del momento.
En
algún punto de su libro nombra usted a Palencia. ¡Cómo
me -gusta esa población! Evoco su conjunto arquitectónico
alrededor de su catedral, sus seculares calles, el salón
de Isabel II, el Carrión, la Universidad -la más
antigua del reino-, sus Cortes, toda su compleja historia,
el Cristo en carne, momia de Santa Clara, eterna propiedad
literaria de don Miguel. Y no olvido, en mi grato viaje, los
campos de su infancia, algo más al sur, junto al, Pisuerga,
que quedan bajo su custodia y cuidado idiomáticos,
su responsabilidad difícil de humanista que, por definición,
incrusta su labor en lo universal humano".
Vuelva
o no vuelva a su tierra -a la de su infancia, a la de sus
gentes, a la del padre con la frente rellena de sol, a las
ventiscas del cierzo y el olor a tomillo y a resoles- Joaquín
Galán; anclado ya en el mar de Barcelona, emigrante.
como tantos palentinos -ganado por el amor y por la vocación
profundamente literaria- seguirá siempre abriendo el
surco musical del recuerdo entrañable, tal vez volviendo
de continuo la vista atrás, unas veces para contemplar
el terruño entrañable y otras veces para sacar
de esa contemplación meramente estética e irreal,
simbólica y poética, la fuerza necesaria para
el duro batallar de cada día con el duro paisaje de
asfalto de Las Ramblas, con la dura lucha urbana de cada momento,
de cada palabra pronunciada a diario en el nuevo idioma aprendido
por amor, mientras en la mente se acurrucan corno pájaros
heridos las antiguas y jugosas palabras del vocabulario infantil
impresionantemente castellanas.
Libro
profundo y para la meditación. Para la lectura sosegada.
Para ejemplo y aventura de quienes forzosamente practican
esta bipartición de sus más esenciales contenidos,
aunque no pueden plasmarlo en el dardo de un verso.
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