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Página
cultural del diario 
Número
4. 4
deNoviembre de 1982.
José
Casado del Alisal
Ahí
está aún fresco, con destino a la Academia de Bellas
Artes de Roma, el retrato de José Casado del Alisal, de Juan
Antonio Morales, que recientemente ha adquirido la Excma. Diputación
Provincial para paliar de algún modo la vergüenza nacional
de evitar que entre los directores de dicha Academia no figure el
que fue en realidad su primer director (1.873), debido a la inesperada
muerte de Rosales que no llegó a tomar posesión de
tal cargo.
Tal
vez da pena decir de nuevo adiós a Casado del Alisal, uno
de tantos palentinos cuyo destino estuvo casi siempre fuera de su
tierra; estudiante en Palencia, con gran habilidad para el dibujo,
bajo la dirección de D. Justo María de Velasco, a
la temprana edad de 10 años pasa a Madrid, donde estudia
en la Real Academia de Bellas Artes bajo la tutela de Federico de
Medrazo.
Orientado
por Eduardo Cano hacia el cuadro gigante de corte histórico,
obtiene, todavía muy joven, un primer premio de pensionados
para Roma con "La resurrección de Lázaro".
Entre
sus cuadros históricos más famosos figuran: "La
muerte del conde de Saldaña", "Los últimos
momentos de Fernando VI el Emplazado", "Testamento de
Isabel la Católica", "La rendición de Bailén",
"La campana de Huesca".
Como
estudios destacan "Flora", "Tentación",
"Lanza", "La favorita".
Como
retratos los de "Sagasta", "Alfonso XII", "Isabel
II".
Vivió
muchos años en el número 16 de la calle Bárbara
de Braganza (Madrid), donde poseía un espacioso estudio ampliamente
descrito en un trabajo de Becerro de Bengoa. Entre 1869 y 1873 poseyó
otro estudio en la Plaza del Congreso al que acudían los
hermanos Bécquer y en el que el poeta se inspiró para
"Las dos olas".
Su
discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
versó sobre "La pintura española moderna"
(Madrid, Imprenta Fortanet, 1885).
Fue
asimismo ilustrador de la "Historia de Madrid", del "Museo
español de antigüedades" y de la "Ilustración".
Murió en Madrid el 9 de octubre de 1.986.
Ahora,
a un lustro sólo del I Centenario de su muerte, hemos sentido
como un inmenso tirón de palentinismo, como la inmensa pena
de que nuestro mejor pintor del XIX, salga otra vez camino de otras
tierras como en una forzada y repetida emigración, sin que
al .menos nos quede el consuelo -tal vez mereciera la pena- de conservar
tan siquiera una copia de ese retrato.
Joaquín
Díaz: Cancionero del Norte de Palencia
Viejo
entre nosotros el interés por la canción popular,
o de arraigue popular, como lo prueban suficientemente las conferencias
de don Gonzalo Castrillo (Pedagogía musical, 1920) y la entrega
a la recogida y estudios de nuestro folklore por parte de los maestros
Guzmán Ricis y Moro (v. lista de sus obras en Banda Municipal
de Música. Palencia, 1879-1979. Diputación de Palencia,
1980), a los que habría que añadir trabajos esporádicos
como los de Pablo Cepeda (Diario Palentino: 1942-43) o los de Antonio
González Lamadrid (Tradicciones etiológicas palentinas
a la luz de la Biblia. PITTM, 32, 1971) viene ahora a interesarse
por las canciones del norte de la provincia un especialista de la
talla de Joaquín Díaz, cuya labor de estudio del folklore
castellano es ya sobradamente conocida.
El
libro cuidadosamente presentado en las Publicaciones le la Excma.
Diputación Provincial (Imprenta Sever Cuesta, Valladolid,
1982) Joaquín Díaz ha ido recogiendo, precedida de
la transcripción de la correspondiente melodía, la
letra de cincuenta de nuestras más típicas canciones
del Norte de Palencia sobre temas que en el decir del autor conforman
"el calendario festivo delagro, engarzando sin rubor lo cristiano
y lo pagano: Navidad-Reyes-San Antón-Águedas-Marzas-Carnaval-Cuaresma-Mayo-Rogativas-San
Juan-Cantos de trabajo-Siembra, Siega, Vendimia, Bodas-Ánimas-Matanza..."
y los cantos v bailes localistas -de excepcional interés-
que ocupan la parte final del libro.
Se
indica siempre al pie de la canción el cantor o cantores
la misma, de quién el autor la ha recogido y el lugar de
la interpretación.
Sigue
una breve, pero erudita explicación, sobre cada una de canciones,
con sus antecedentes, versiones... y otros datos cultos. Es digna
de alabanza la claridad y sencillez de las documentadas explicaciones,
el fácilmente asequible comentario bibliográfico,
certeramente seleccionado entre la abundante materia bibliográfica
existente sobre esta temática.
Libro
importante por su cultura perenne y vital, con la gracia siempre
reverdecida de la canción popular:
El
sábado por la tarde
por
la calle me paseo;
converso
con tus vecinas
ya
que contigo no puedo...
(El
desdichado)
o
la alusiva frescura de Barruelo ya no es Barruelo (pág. 140):
Barruelo
ya no es Barruelo.
Barruelo
es más Madrid.
¿Cuándo
se ha visto en Barruelo
que
pase el ferrocarril?
o
el desenfadado
Las
mocitas de Brañosera
ya
no bailan más,
porque
dicen que en el baile
está
Satanás.
o,
ya para terminar esta breve reseña, el lírico
Puentecillo
de tu calle,
morena,
quisiera ser,
tú
me cogieras el agua
y
yo mojarte los pies...
Reencuentros
palentinos
Continuamos
la sección dedicada a nuestros artistas emigrados, que ha
iniciado Manuel de la Puebla desde Puerto Rico, con estos poemas
de Elegía del Páramo (1979) sobre el denso mundo de
la emigración: no sólo la que se pierde a miles de
kilómetros de nuestras fronteras, sino también la
que, no por estar más cerca de la entrañable Castilla
de la infancia, deja de ser menos dolorosa.
Emigrantes
Vienen
cansados, de lejanas fábricas,
al
olor de la era y los amigos.
A
veces, sin saber por qué, se quedan
absortos
contemplando los alcores.
Luego,
si les preguntan, siempre dicen
que
les gusta volver, pero que tienen
montada
ya la vida de otra forma,
de
otra forma el cantar, de otra el trabajo...
Y
al final del verano, cuando empiezan
a
marcharse también las golondrinas,
cargan
el viejo coche con sus hijos,
su
mujer, su equipaje, sus recuerdos...
De
vez en cuando, porque así es la vida,
baja
el nivel del agua en el pantano.
Entonces
pobres gentes que no saben
qué
pensar ante tanto desconcierto,
qué
decir, qué llorar o qué denuncia
presentar
ante Dios por la ignominia,
sienten
un tirón hondo y aquí vienen
a
calmar su dolor una mañana.
Vienen
a ver si el agua ya ha tapiado
con
musgo los balcones y ventanas
añorando
el tabón de donde fueron
extirpados
un día para que otros tengan televisores en colores,
discotecas,
teléfonos y fábricas...
Después
marchan riendo, pero menos,
fumándose
con rabia su cigarro,
hablando
de otras cosas de la vida,
intentando
olvidar lo inolvidable.
Y
a veces vuelven turbios, iracundos,
los
encrespados ojos contra el agua.
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